Wall-despino de Sanabria y Juego de Tronos

No tengo pueblo. He vivido y vivo con este hándicap pero con la dignidad intacta. Y no es fácil en un país en el que por parte de padre, madre, abuelos o consorte se hereda casa impepinablemente en algún rincón de la Península. No es mi caso. A punto estuve de adoptar un pueblo, que conste que lo intenté en varias ocasiones; pero las raíces no se crean así en un par de años de práctica desesperada… hay que ser del pueblo para entender al pueblo y también para que te entiendan. En fin, en esta búsqueda en la que aún me hallo he observado de cerca el fenómeno de las fiestas, de la pasión unificadora y de la viralización de ese sentimiento en forma de camiseta. Ahora os explico. No es fácil y en mi caso requirió mucho de afán periodístico y antropológico, además de una inestimable recreación del contexto por parte de mi socia que, aunque madrileña de pro, representa a ese 80% de españoles con pueblo. De hecho Ana es la campanera.

las fiestas de los pueblos

Los hipsters y el pilón

Teniendo en cuenta la crisis identitaria de nuestro país, lanzado desde hace años al abrazo de las costumbres y formas de vida anglosajonas, resulta reconfortante encontrar grupos de personas fuertemente anclados a la tradición. A la sana, de la otra no queremos ni oír hablar. Esa tradición enérgica y saludable concita cada año millones de personas en todo el país, que dejan lo que tengan entre manos para celebrar ¡¡¡Las Fiestas del Pueblo!!! Hipsters y modernos, procuradores y taxistas evitan volver a casa por Navidad, pero lo hacen para el 15 de agosto con sus familiares, amigos y enemigos de toda la vida. Es un fenómeno viral, que alcanza en este país una cuota de participación altísima y que provoca la desertización absoluta de las grandes urbes: esa semana de agosto no está ni el tato.

A pesar de no tener pueblo, he sido invitada en innumerables ocasiones a las Fiestas del Caloco en Segovia, las de San Juan en Soria, las de Moros y Cristianos en Orihuela, las Hogueras de Alicante, las Ferias del Pulpo en Galicia… En fin, he participado en los jolgorios como la que más, he comido, bebido y bailado cual foránea aunque en el fondo sintiera un qué se yo de no pertenencia. Lo de la peña es otra cosa, ahí o eres socio fundador o estás a por uvas y no entiendes ni las bromas, ni el afecto, ni los ritmos, ni el alcohol. Dejando a un lado mis acercamientos más o menos fructíferos al fenómeno, os desvelaré finalmente el tema del post: la relación de Juego de Tronos con un pueblo de Sanabria, que asumió como suyo el lema ‘Chichos is coming’ creado precisamente por mi socia la campanera y su camarilla.

los chichos sanabreses

Los chichos

Os lo explico mejor por si sois de ciudad como yo. Los ‘chichos’ consisten en un picadillo de chorizo que se degusta durante las fiestas de agosto, cocinados en brasas humeantes. Son capaces de concitar al pueblo entero y por ello los ‘Chichos’ han pasado a denominar, en sí, las fiestas. Los jóvenes de Valdespino decidieron remedar el ‘Winter is coming’ de Juego de Tronos, reivindicando ese origen zamorano de hielo y fuego que les une tanto a la serie. Os invito a seguir en su muro de facebook (@Valdespinoenfiestas) todo el bullicio que causaron con el tema: the Wall – Despino no ha vuelto a ser el mismo.

Valdespino de Sanabria y Juego de Tronos

Habíamos observado el fenómeno ‘t-shirt’ y el triunfo de las tipografías frente a la imagen; todo el que se precie de moderno debe portar camiseta con lema inteligente y mordaz. Se acabó el ingenioso diseño y los colorines, viene el texto corrido y el esmerado tipo de letra.  Grandes marcas, pequeños emprendedores, mercadillos y tiendas online imprimen y comercializan camisetas con frases escritas en diferentes idiomas, juegos de palabras, propósitos, declaraciones y manifiestos. Los vecinos de Valdespino no conocen en su mayoría qué es Juego de Tronos, ni hablan inglés, ni tampoco llevan camiseta. Abuelos, padres e hijos se han calzado una camiseta con un lema que no entienden ¿Acaso importa? Lo que inicialmente parecía ser un pequeño regalo para recaudar fondos se convirtió en un ‘must’ y fondo de armario de todo valdespiniano viviente. Triunfó la colaboración, el espíritu de identidad y pertenencia, la simpatía y el cariño; sentimientos que se forjan de año en año y alcanzan su cénit en las fiestas del pueblo. Vamos, que fue todo un éxito aunque yo no consigo que me adopten. Seguiré intentándolo.

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